viernes, 20 de abril de 2018

El Trino del Diablo, La Verdadera Historia de Giuseppe Tartini



Existen varias versiones de la historia detrás del Trino Del DIablo, aquí veremos las 2 más aceptadas y que concuerdan con muchos de los aspectos que según los historiadores, harían pensar que la historia de Tartini es verdad.


Todo comenzó con un sueño, Tartini estaba con su amigo Jérôme Lalande (Yerom laland), un astrónomo francés muy respetado en la época. Tartini le confesó pues que había soñado con el diablo, que se le había aparecido en sus sueños y que le pedía ser su sirviente, Tartini sabía que el diablo era bueno en muchas cosas, pero seguramente no era mejor que él tocando el violín, entonces pensó en plantearle un desafío, le pidió que tocara una melodía para él con su violín, por supuesto, el diablo aceptó, entonces Tartini le entregó su violín para que éste comenzara a tocarlo; el diablo, miró el instrumento detenidamente, lo acarició con sus grotescas manos, adoptó una postura extraña pero firme y comenzó a tocar el violín. El maldito tocaba con tal habilidad que Tartini quedó impresionado por aquel espectáculo tan magistral, se acababa de dar cuenta de que el mismo no era ni la mitad de bueno que era el diablo para tocar el violín, no podía creer lo que estaba viendo, no podía creer lo que estaba escuchando, cuando tartini miraba como el diablo y su instrumento se unían en uno solo, el asombro, la envidia y aquella melodía llenaron su mente de terror…
fue entonces que Tartini pudo despertar, aquel sueño había sido tan real, que las emociones provocadas en el sueño, aún continuaban en la realidad.


La historia completa se cuenta en un libro de Lalande, titulado: El viaje de Francisco a Italia, aquí el fragmento de la historia contada por Tartini a su amigo.


Una noche, en el año 1713 soñé que había hecho un pacto con el diablo a cambio de mi alma. Todo salió como yo deseaba: mi nuevo sirviente anticipó todos mis deseos. Entre otras cosas, le di mi violín para ver si podía tocar. ¡Cuán grande fue mi asombro al oír una sonata tan maravillosa y tan hermosa, interpretada con tanto arte e inteligencia, como nunca había pensado ni en mis más intrépidos sueños! Me sentí extasiado, transportado, encantado: mi respiración falló, y desperté. Inmediatamente tomé mi violín con el fin de retener, al menos una parte, la impresión de mi sueño. ¡En vano! La música que yo en ese momento compuse es sin duda la mejor que he escrito, y todavía la llamo el "Trino del Diablo", pero la diferencia entre ella y aquella que me conmovió es tan grande que habría destruido mi instrumento y habría dicho adiós a la música para siempre si hubiera tenido que vivir sin el goce que me ofrece.


Existe otra versión dada a conocer por el autor e historiador español Carlos Fisas sobre el suceso entre Tartini, el diablo y la confesión a su amigo Lalande, dice:


“-¡Qué suerte tenemos, amigo mío! -observaba un día Lalande, el más grande astrónomo de su tiempo, conversando con Giuseppe Tartini, el más grande violinista de la misma época-. ¡Qué suerte tenemos de vivir en el ilustrado siglo XVIII, libres de todas las supersticiones y pseudo creencias, dando crédito solamente a nuestros ojos y a nuestros cerebros! Pasaron los días de magia y brujería, de ángeles y diablos…
-¿Así no creéis en el diablo Lalande? -le interrumpió el violinista.
-No, ciertamente -rió el astrónomo.
-Pues bien -dijo Tartini-. ¡Yo, sí! No solamente creo en él sino que he comprobado su existencia y le estoy agradecido porque me ayudó a realizar mi obra de mayor éxito.


Y explicó a Lalande la historia de su Trino del Diablo. Una noche, cuando tenía veintidós años, soñó que había pactado con el diablo. Le había vendido su alma y Satán debía ser su criado durante siete años. El contrato funcionaba admirablemente; Tartini (en su sueño) se había hecho famoso y rico; había conquistado cuanto deseaba y había subyugado a todo el mundo. Un día tomó su violín y se lo entregó al Príncipe de las Tinieblas. ‘¡Toca! -le dijo-. Quiero ver si el diablo conoce más trucos en el violín que yo, ¡Giuseppe Tartini!’
Y el diablo tocó…, tocó como Tartini nunca había oído tocar a nadie. Era una sonata salvaje, incitante y melancólica al mismo tiempo, tierna y bárbara, angustiosa y sin embargo llena de belleza. La más deliciosa y osada pieza de música.


Tartini se sintió transportado de placer. Apenas podía respirar y, súbitamente, despertó. se abalanzó sobre su violín y empezó a tocar la música que acababa de oír. Podía acordarse distintamente de largos pasajes que el diablo había tocado para él, pero, a pesar de los mayores esfuerzos, no pudo reconstruir la obra entera.


-Seguidamente escribí la pieza -concluyó Tartini-. Es el Trino del Diablo, tal como vos y muchos otros lo conocéis hoy. Pero podéis creerme, mi esclarecido y escéptico amigo: ¡la pieza que yo compuse es infinitamente inferior a la que el diablo tocó para mí durante mi sueño!”.


Yo Soy, El DoQmentalista y esto fue: El Trino del Diablo

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